EL MARXISMO HA MUERTO

Nota: El presente trabajo fue publicado antes de la caída de la Unión Soviética y la consecuente profundización del deterioro del Marxismo en el mundo. Por contener ideas que no han perdido vigencia es interesante conocerlas.


EL EXTRAÑO DESTINO DE UNA IDEA
Prof. Ignacio Olábarri Gortázar
Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco.
  • En 1.950 Arthur Koestler publicaba Un Dios que no existía, un conjunto de testimonios sobre el abandono del comunismo por parte de antiguos y destacados militantes de los más diversos países. Un libro similar, en 1.983, tendría que publicarse en muchos volúmenes; y no podría limitarse a los casos de desilusión o hastío respecto al comunismo, sino que tendría que recoger también tantos abandonos de toda la tradición política e intelectual, que deriva de Karl Marx. Pocos habrán sido los intelectuales de Occidente que, después de la revolución bolchevique de 1.917, no hayan sentido más o menos intensamente la atracción del marxismo; pero no son muchos quienes continúan sintiéndola hoy, fuera de aquellos que no han sido capaces de afrontar la decepción y prefieren seguir viviendo en su dulce sueño ideológico (la «Vulgata»  marxista es el opio del intelectual mediocre) antes que despertar a una realidad cruda, pero indubitable: la de «el extraño destino de una idea que empezó siendo un humanismo prometeico y culminó con la monstruosa tiranía de Stalin» (Kolakowski).

EL INFLUJO DE MARX
  • Seguir la trayectoria de la influencia de la obra de Karl Marx desde 1883 hasta hoy no es tarea sencilla, debido en primer lugar a la propia complejidad de su figura y de su pensamiento. Marx fue un pensador y un revolucionario; es más aspiró a integrar sin fisuras ambas facetas de su personalidad para poder ser el «demiurgo» (R de Yurre), el ser fáustico y prometeico que desde su adolescencia ambicionó ser. Desde entonces la «tradición marxista», –la tradición karlista–, podríamos decir para apurar la paradoja, recordando la denominación que los anarquistas hispanos asignaban a sus enemigos «autoritarios» en el siglo pasado–  no puede estudiarse sin atender al mismo tiempo a los desarrollos teóricos y a las vicisitudes de la política y del movimiento revolucionario (Asociación Internacional de Trabajadores; partidos socialistas, social demócratas u obreros) en el que el propio Marx participó. Entre tantos otros, Raymond Aron ha señalado el carácter equívoco de su pensamiento. Kolakowsky, a su vez, distingue tres motivos principales y heterogéneos en él: El romántico, el prometeico, y el racionalista-determinista heredado de la Ilustración. Por su parte, Ocariz ha mostrado (y nos lo recuerda en este mismo Dossier) la incompatibilidad teórica y práctica entre el materialismo y la dialéctica, los dos fundamentos de la crítica y de la construcción de Marx.
  • Si a ello se añade la conocida evolución interna de sus ideas que ha permitido la distinción entre el «joven Marx» y el «Marx adulto», separados –piensan algunos– por una verdadera –ruptura epistemológica– que habría que situar en torno a 1.845, quizá pueda comenzar a entenderse por que la historia del influjo de Marx en el último siglo es tan enrevesada y polémica. Marxistas, marcianos marxologos y antimarxistas discuten con pasión (o discutían, porque la verdad es que el marxismo está cada vez menos «de moda») el sentido exacto de las tesis del filósofo alemán y la pureza del «pedigree» marxista de todos y cada uno de sus sucesores.

CRISIS DEL MARXISMO Y FIN DE LA  MODERNIDAD
  •  «No hay que tener miedo en decir que el marxismo está en crisis», llegó a afirmar el más importante intelectual marxista francés de los años sesenta, Louis Althusser; y ciertamente son pocos los que niegan la realidad de dicha crisis. 
  • El conde Nikolai Tolstoy señala en estas mismas páginas dos fechas clave en el proceso: 1.956, cuando ante el XX Congreso del P.C.U.S., Kruschev revela oficialmente los horrores del stalinismo; y en 1.973, con la publicación del exhaustivo testimonio de Soljenitsin sobre el sistema de trabajos forzados del Gulag. Quizá fue el decenio de los setenta el decisivo porque –como escribió en 1.977 el historiador francés Furet– fue entonces cuando la crítica del totalitarismo soviético, y en general de todo poder que se reclamara marxista, cesó de ser el monopolio del pensamiento de derechas para convertirse en el tema central de una reflexión de izquierdas. Y no –sigue escribiendo Francois Furet– porque una crítica de izquierdas tenga de por si más peso que una crítica de derechas, sino porque la derecha, para condenar al régimen soviético, no ha necesitado modificar ningún elemento de su herencia, sino simplemente recurrir a la tradición del pensamiento contrarrevolucionario; mientras que la izquierda, en cambio, ha debido afrontar datos que conmueven todo su sistema de creencias: ha debido incluso poner en duda el prestigio de la idea de la Revolución, interrogarse sobre el valor y el sentido de la Revolución.
  • De ahí que la crisis del marxismo suponga también –junto a otros importantes factores que no vienen ahora al caso– el fin de la Edad Contemporánea, tal como ha venido siendo considerada por izquierdas y derechas. Esta era se inició en Francia en 1.789, y que no sería sino el despliegue de la Revolución, el desarrollo de un doble ciclo revolucionario. Francia sería el país protagonista de la Revolución liberal, democrática y burguesa, que habría agotado sus virtualidades al cabo de un siglo; Rusia habría tomado el relevo, encabezando una Revolución socialista y proletaria aún inacabada. En el horizonte: La Libertad. La Igualdad y la Fraternidad; la sociedad sin alienación, sin clases, sin Estado; la plena felicidad natural, la felicidad en la tierra.
  • Fin de la Edad contemporánea, o fin de los «Tiempos Modernos»; de una «modernidad» que hunde sus raíces en la crisis nominalista del siglo XIV, en la revolución luterana, en el nacionalismo del siglo XVII. Porque 1.789 no supone simplemente el comienzo de una cadena de revoluciones político-sociales, sino también el final de una larga evolución del pensamiento occidental que alcanzó a la reflexión sobre la sociedad y se difundió entre las elites europeas durante la época de la ilustración. Que se pueda coincidir el fin de la Modernidad con la crisis del marxismo no es oportunismo ni simpleza, precisamente –porque en palabras de Ocáriz– el marxismo «es el término –hasta ahora no superado– de un proceso de radicalización reductiva de lo que se ha llamado con más o menos propiedad pensamiento moderno»

MARXISMO Y REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE
  • Entre el 14 de marzo de 1.883 y nuestro propio tiempo se alza una fecha trascendental para el destino de la obra de Marx: 1.917. En efecto, sin la revolución leninista que permitió que un partido que se consideraba heredero de Marx, controlara dictatorialmente a una de las grandes potencias mundiales, difícilmente se hubiese prestado tanta atención a su pensamiento. Antes de 1.917 una  la influencia de Marx estaba prácticamente limitada a los círculos políticos e intelectuales del movimiento socialista mundial, que por otra parte, no aceptaba su tesis de manera global y sin reservas. Muchas veces se ha señalado como una de las grandes paradojas de la historia contemporánea, el hecho de que se «entronizase» a Marx una revolución hecha contra todas las previsiones del propio Marx.
  • También es frecuente la observación –exigida para el marxista de hoy y habitual entre los especialistas no marxistas- de que la versión triunfante en Rusia y que desde allí iba a extenderse por todo el mundo (el comunismo, o más precisamente, el marxismo leninismo) no puede derivarse si más del pensamiento de Marx, e incluso que es contraria y aún opuesta al mismo. Es éste es un asunto vital y complejo: vital, porque de lo que no cabe duda (ahí están, entre otras, las obras de Ulam, Schapiro, y Besancom que lo prueban; o la muy reciente de Seggett sobre la policía política, la Checa, hoy KGB) es de que la transición del leninismo al stalinismo y de este a la realidad soviética actual, son perfectamente lógicas, sin que pueda atribuirse exclusiva o principalmente a la acción de personalidades individuales los rasgos más odiosos del sistema; complejo, porque ningún buen conocedor de Marx ha sido capaz de dar una solución sencilla a la cuestión. 
  • Es bien sabido que Marx murió sin acabar su obra cumbre El Capital (¿porqué fue así? Es una pregunta que no se dado, que yo sepa, hasta ahora, una contestación adecuada; a quien conozca con un poco de detalle la biografía de Marx y más concretamente el proceso de elaboración de El Capital, no le satisface la sencilla respuesta de que no tuvo tiempo para concluirlo).Elementos fundamentales de su sistema quedaron como consecuencia poco definidos: así la teoría de las clases; así también su construcción política, en particular lo que se refiere al proceso revolucionario y post revolucionario. Por ello, cuando analiza el pensamiento de Lenin, el historiador de las ideas puede atreverse a juzgar si era o no coherente con el sistema de Marx, pero no comparar punto por punto las soluciones de uno u otro. Lenin se vio obligado a construir por si mismo a partir de Marx. Igual como lo hicieron –solo que en distinto sentido- Eduard Berstein o Rosa de Luxemburgo. 
  • Es indudable que en el marxismo-leninismo existen elementos inéditos si se lo compara con el pensamiento del filósofo alemán. En este sentido en muchas ocasiones se ha puesto de relieve por ejemplo, la influencia de la tradición revolucionaria rusa sobre la concepción leninista del partido. Sin embargo, apenas puede dudarse de que la interpretación leninista es respetuosa con la construcción de Marx –del «Marx adulto», en el caso de que hubiese que admitir una «ruptura» en su trayectoria intelectual–. Quienes lo discuten pretenden olvidar que incluso los pensadores que pretendían renovar el marxismo en los años 20 (Luckács, Gramsci), lo hicieron desde la obediencia comunista y la aceptación incondicional del éxito bolchevique. 
  • Si en la evolución histórica de la realidad soviética ha podido llegarse a extremos en que el propio Marx hubiera denunciado (los trabajadores polacos levantándose contra el estado proletario por ejemplo) es porque la aplicación histórica de sus ideas ha producido consecuencias practicas distintas a las esperadas; pero ha sido así no porque dicha aplicación haya sido defectuosa (desde 1.917 hasta hoy, además, las experiencias han sido múltiples, y ninguna hasta ahora satisfactoria), sino porque la realidad del hombre y de la sociedad no se ajusta a la teoría marxista y acaba vengándose de la brutal deformación a la que ésta le somete.  

EL MARXISMO HOY EN EL MUNDO
  • Desde 1.917 hasta hoy, el comunismo se ha extendido hasta dominar un billón y medio de personas en Europa, Asia, África, Oriente Medio y Centroamérica: más de un tercio de la población mundial. En dicho proceso expansivo no ha habido paso atrás –sí intentos revolucionarios fracasados–, el ritmo no ha sido lineal. Hasta la segunda Guerra Mundial, la U.R.S.S. se mantuvo aislada. Entre 1.945 y 1.949, con el viento a favor del triunfo de las «democracias» sobre los fascismos, pudo dominar media Europa, al tiempo que la revolución triunfaba en China. Después las fichas del dominó –según la conocida y gráfica expresión– han ido cayendo en Asia, además de abrirse nuevos frentes en Iberoamérica y África. Sesenta y cinco años después de la victoria de los bolcheviques y a pesar de los cismas y herejías, e incluso guerras fratricidas, los regímenes marxistas leninistas siguen pareciéndose entre sí por la fortaleza de una superestructura política coercitiva, fundada en la autoridad centralizada y absoluta, la burocracia, el terror y el militarismo. 
  • Como en los demás ejemplos de totalitarismo –este siniestro invento de nuestro siglo–, la ausencia de libertad y la represión cruel que manifiestan todos los regímenes comunistas se diferencian sustancialmente de las practicadas por los demás gobiernos dictatoriales e incluso tiránicos que han existido a lo largo de la historia humana. Ahora la violencia contra el hombre puede ser permanente e incluso «razonable», gracias a la ideología. « ¡La ideología!, he aquí lo que da la justificación buscada a la maldad y la requerida dureza prolongada al malvado –ha escrito Soljenitsin–. La teoría social que, ante él mismo y ante los demás, le ayuda a blanquear sus actos y a escuchar en lugar de reproches y maldiciones, alabanzas y honores...». 
  • Mientras en los países soviéticos el marxismo se ha convertido en la ideología de la nueva clase (la Nomenklatura), que disfruta de un poder absoluto, en el mundo libre no ha florecido la ciencia del materialismo histórico, aunque hayan abundado quienes la han cultivado con pasión. En alguna ocasión su amigo y colaborador Engels comparó la obra de Marx en las ciencias sociales con la de su admirado Darwin en las naturales. Cien años después y a pesar de que continúa el debate sobre algunas de sus tesis, no parece que los biólogos duden del carácter científico de muchos de los descubrimientos del sabio inglés y, en todo caso, la biología ha quedado sólidamente establecida como ciencia. Por el contrario, el materialismo histórico no ha constituido, ni constituye hoy el fundamento de las ciencias humanas, aunque haya influido profundamente en muchos intelectuales –más ayer que hoy, más entre los divulgadores que entre los verdaderos creadores–, y aunque la controversia en torno a Marx haya provocado importantes avances en muchos puntos. 
  • Afirmar que «el pensamiento marxista, marciano o marxólogo, está hoy inspirando el pensamiento moderno en todos los sectores, desde la economía, la ciencia política, hasta la literatura, la historia, el arte, e incluso la teología» equivale a desconocer el panorama real que presentan hoy las ciencias humanas y sociales, en las que el papel de los planteamientos marxistas es reducido –más cuanto mayor es el desarrollo cultural en un país- y está en creciente retroceso. Si por otra parte, la influencia de Marx está todavía presente en el pensamiento occidental se debe en buena medida a que la equivocidad e incoherencia interna de su sistema, permite siempre recurrir a uno de los elementos cuando el otro está en crisis. Así, la publicación en los años 30 de los Manuscritos inéditos, y su relativa afinidad con el humanismo existencialista dominante durante la segunda postguerra mundial marcaron el comienzo de la segunda fase del influjo de Marx, cuando la no verificación de sus previsiones sociológicas y económicas había anulado  –a pesar del triunfo bolchevique– la validez de la «ciencia» del materialismo histórico y dialéctico. 
  • Es en ese variadísimo conjunto de países, que sigue confusamente llamándose «Tercer Mundo» donde el atractivo del marxismo continúa haciéndose notar por muy diversas razones, a las que aluden  varios de los encuestados en estas mismas páginas: ansias de liberación nacional y de justicia social, miseria material y educación masificada, deseo de un poder seguro por parte de algunas elites….La combinación de la «Vulgata» marxista (en expresión de Raymon Aron) y el poder militar soviético tienen todavía «gancho» (en cierta medida lo tendrán siempre, mientras la naturaleza humana sea como es), sobre todo porque parece que el mundo libre no es capaz de ofrecer con eficacia fórmulas más humanas, a la medida de la dignidad y de los ideales de las personas.

EL FUTURO DEL MARXISMO
  • Y es demasiado ingenuo pensar que la crisis del marxismo va a concluir en una pronta y pacífica autodisolución. Como titulaba Time hace ahora un año, Marx’s Theory, in Soviet practice, is both dangerous and in danger: en peligro, por tanto, pero también peligrosa. Y no solo debido al poderío militar soviético, por amenazador que éste sea de hecho; también, y quizá sobre todo, porque es falso que, en un futuro próximo, las cosas deban necesariamente ir a mejor y los hombres lleguemos, también necesariamente, a encontrar el camino de la racionalidad, la justicia, la libertad y la paz. Es verdad que nadie mira a la Unión Soviética –tampoco a China o a Cuba– como el paraíso hacia el que encaminarse; pero también lo es que un mundo sumido en el materialismo puede ser incapaz del sacrificio necesario para defenderse de la agresión ya que ni se conservan valores que defender, ni los simples intereses egoístas pueden suscitar heroísmos.   
  • En el mundo occidental (a pesar del fracaso del eurocomunismo) y en los países «en vías de desarrollo» (piadoso eufemismo para designar unas naciones que hoy se alejan más de él) la «Vulgata» marxista en cualquiera de sus variantes, creadas o por crear todavía tiene posibilidades de éxito. Tantas más cuanto más nos empeñemos en ofrecer a cambio nuevas versiones del liberalismo económico que, como señaló Juan Pablo II en su Encíclica Laborem Excercens, antecede al marxismo en sus errores económicos y materialistas; o «revisiones» del marxismo que no alcancen a la raíz de sus insuficiencias. Es sorprendente observar cómo, a lo largo de nuestro siglo, la historia de los «revisionismos» marxistas parece consistir en dar progresivamente «marcha atrás» en la evolución intelectual de Marx: desde el Marx cientifista y determinista de la madurez al Marx «humanista» de los primeros años, y de este a sus orígenes en la izquierda hegeliana y en el propio Hegel….permanece en todos ellos el historicismo inmanentista original, presente en los diversos «radicalismos» hoy en boga.
  • Si la utopía debe jugar aún un papel en la filosofía práctica actual, condición de posibilidad –valga la paradoja– para cualquier pensamiento utópico en el futuro es abandonar la concepción -liberal y marxista- del hombre como fuerza de trabajo, como factor de producción. Fundar una sociedad que se proponga respetar todos los derechos de las personas (derechos inalienables como donados que han sido por Dios); dar prioridad al hombre, sujeto del trabajo en el proceso productivo; fomentar e institucionalizar lazos de solidaridad entre los grupos sociales y entre los pueblos son retos urgentes que tenemos los que vivimos fuera de la «granja» que George Orwell describió, si queremos enviar ese 1.984 que él mismo entrevió en su turbadora pesadilla, al despertar de su creencia «en el Dios que no existía»

LOS RESTOS DE UN NAUFRAGIO
Prof. Luka Brajnovic
Director del Instituto de Artes Liberales. 
Universidad de Navarra.
  • El marxismo en cuanto pensamiento que supuestamente tiende a poseer el conocimiento de la verdad más eficiente en beneficio del hombre. No sólo atraviesa una crisis grave, sino que se ha hundido con ella, hace varios decenios pese a los salvavidas dialécticos de los neo-marxistas, desde Lukcás y Marcase hasta los simples propagandistas. Pero hay algo que aún flota sobre las gigantescas olas de la agitación de la humanidad. Yo destacaría, en este sentido, el uso de las ideas marxistas por grupos sociales que mantienen principalmente su «revolucionarismo» y su ateísmo. 
  • Lo revolucionario es el núcleo que nadie puede negarle al marxismo y que se refleja tanto en la teoría como en la práctica en los actuales seguidores de Marx. Lo revolucionario (para el que acabo de emplear el barbarismo de «revolucionario») es la clave con la que Marx presentó al hombre como «el ser creador de la praxis», al mismo tiempo que ha sido la palanca más potente «con la que se mueve el mecanismo de los sucesos históricos. 
  • Según esto, la humanidad mediante la revolución y su dialéctica debería llevar a la sociedad a su fin último, es decir, a la sociedad «sin clases». Con «lo revolucionario» o la revolución, Marx subrayó ante todo una idea principal: Que el hombre, en el marco del marxismo, está obligado a participar activamente en la liberación de si mismo y de toda la sociedad. Por otro lado, la base de la visión revolucionaria de Marx, y de sus seguidores, se encuentra en el llamado materialismo histórico, según el cual no existe ninguna fuerza sobrenatural que pueda dominar la naturaleza y la historia «al estilo» del Creador o de la Providencia. Del mismo modo, –según el marxismo–, no existe ningún fin sobrenatural o super-histórico hacia el cual el hombre esté encaminado. Por lo tanto, el materialismo histórico de Marx niega tanto la protología, como la escatología cristiana, lo que quiere decir que no se puede ser al mismo tiempo cristiano y marxista. Para Marx, la revolución social es el único criterio de la verdad y, por consiguiente de la ciencia, de la política y de la economía. Así se puede comprender la afirmación de Lenin de que en la obra de Marx no existe «ni un solo gramo de ética». Sin embargo, lo revolucionario sobrevive en y se convierte en bandera de los movimientos sociales, políticos y hasta nacionalistas.
  • En la actualidad el marxismo también lucha para salvarse del hundimiento al que le ha llevado la crisis del pensamiento. En este sentido no se puede considerar al marxismo tan solo como una doctrina social, económica y política. Sino –en primer lugar– como una visión del mundo, una visión básicamente antirreligiosa y atea. Como visión severamente materialista, de la sociedad y de la historia, el marxismo tiende a cortar en el hombre toda tendencia hacia lo trascendente, arrastrándole hacia la llamada «realización histórica», es decir, tan solo temporal. Precisamente por ello, en el auténtico marxismo, la religión es el prototipo de todo «extrañamiento»; pero al mismo tiempo quiere convertirse en una sustitución de la religión. Con respecto a lo revolucionario, el marxismo se contradice cuando admite formalmente lo que algunos malabaristas intelectuales intentan poner bajo el mismo denominador común: lo cristiano y lo revolucionario (en el sentido marxista). Así, este neomarxismo y sus simpatizantes que se dicen cristianos, intentan suplantar a la virtud de la esperanza por una promesa dialéctica que, en ningún caso, ha sido o puede ser realizada o cumplida. Pero así pretenden sustituir la fe, la esperanza y el amor cristianos por el tríptico ya superado de «lo sugerente», «lo revolucionario» y lo «colectivo». 
  • Pensando en la secularización de una parte de la sociedad, todo ello se nos presenta como un avance y no como una crisis. Pero en realidad –como dije al principio– es mucho más que una crisis, porque de esta forma el marxismo se queda sin su razón de ser. En vez de ser una revelación de un mundo totalmente nuevo, como lo pretendía el propio Marx, se convierte en algo nebuloso, sostenido generalmente por el odio, por el miedo, o por el espejismo demagógico. En realidad, esto ocurre siempre cuando una supuesta filosofía se convierte, por su impotencia, en simple ideología. Y como se sabe, las ideologías son propicias a mutaciones y modificaciones; en una palabra, al distanciamiento y «extrañamiento» de sus primeras ideas. Y si no se comportan de esta forma se quedan encerradas en un dogmatismo, superado por las circunstancias y la experiencia.

LA MUERTE DE UN MITO
Gregorio R. de Yure
Autor de El marxismo: exposición y crítica
Diagnostica el crepúsculo de una ideología mesiánica
  • El marxismo es un mito, entendido este término en el sentido de Sorel, quien lo definió así: «Los hombres que toman parte en los grandes movimientos sociales presentan su acción próxima bajo la formación de imágenes de batalla, que aseguran el triunfo de su causa. Yo propongo que se llamen mitos a estas construcciones, cuyo conocimiento ofrece tanta importancia para la historia: la huelga general de los sindicalistas y la revolución catastrófica de Marx son mitos». El mito tiene una doble función: primero recoge y expresa la vida emocional ya existente en la sociedad; en segundo lugar, tiende a provocar ese mismo estado de ánimo en las masas que aún no participan de tales sentimientos. «El mito, dijo Mussolini, es una fe, una pasión. No es necesario que sea una realidad. Es una realidad en cuanto es un agijón y una esperanza, en cuanto que es fe y entusiasmo»

UNA COSMOVISIÓN
  • Este mito, que siempre encarna una gran meta  y desencadena un vendaval de pasiones, se reviste de los ornatos de la ciencia ante las masas; es la sublime ciencia, que garantiza la realización de los grandes ideales, que conquistan el alma de las masas. Por eso reina entre ellas como verdad evidente e incuestionable. Esta es la actitud de las masas marxistas: todos los males vienen del régimen capitalista, pero la redención proletaria y humana será la obra del socialismo. No en vano Marx puso a su cosmovisión el nombre de «socialismo científico». Quien lo critica o se opone a él es, sin más, retrógrado y perverso. Esta misteriosa ciencia tiene la pretensión de ser la única explicación verdadera del cosmos y de la historia así como la solución de los grandes problemas políticos y sociales que afectan a la humanidad. El mito aparece como poder superior que garantiza el ideal que promete.
  • Creo que hay que admitir como factor positivo del sistema marxista su enfrentamiento con la situación creada por el capitalismo liberal clásico, en el que todo el orden social, incluida la situación de las masas, estaba a merced de las leyes del mercado: oferta, demanda, competencia. El abstencionismo del Estado creó una sociedad inhumana e insostenible. Marx se enfrentó al capitalismo y abrió los caminos para orientar movimientos de rebeldía contra esa situación, unificando las diversas corrientes socialistas existentes hacia el objetivo común de combatir el sistema inhumano del capitalismo liberal. Gracias a esta lucha, el estado ha ido cambiando de conducta y el moderno Estado ha creado códigos enteros de leyes sociales para la protección y defensa de del hombre, muy especialmente del proletariado y de los seres heredados.
  • Sin embargo, el marxismo es una de las fuentes más importantes que ha impregnado el ambiente moderno de odio, lucha de clases y que ha provocado verdaderas riadas de sangre. Por una parte, influyó en la humanización de la economía, despertando la conciencia humana en beneficio de las masas; pero, por otra parte, deshumanizó a la sociedad. Es el mismo Marx quien dio esta norma: «La última palabra de la ciencia social será siempre lucha o muerte, guerra sangrienta o nada. Así esta puesta la cuestión de manera implacable». ¿Cuántos millones de hombres han sido víctimas de este sistema en los países que oficialmente profesan el marxismo y aún fuera de ellos? Esto ha hecho que muchos intelectuales marxistas hayan hecho su examen de conciencia y estén buscando un sistema con otro rostro. Todo ello ha conducido a una crisis intelectual en el seno mismo del sistema.

IDEAL MESIÁNICO
  • Durante su vida, Marx cosechó bastantes más fracasos que éxitos. En su época existieron varios intentos revolucionarios proletarios, pero todos fracasaron. La irradiación del marxismo comienza después de su muerte, especialmente en el siglo XX. El éxito mayor lo ha tenido en Europa y en los países subdesarrollados. De la primera guerra mundial salió el triunfo de la revolución leninista en 1.917. La victoria de la U.R.S.S. en la segunda guerra mundial ha extendido el marxismo a los países satélites del Este y ha contribuido al triunfo del régimen comunista en China y otros países asiáticos. En Europa se encuentran también los partidos comunistas más fuertes, como son el italiano y el francés. Y donde el marxismo está en situación de ideal mesiánico, que atrae el anhelo de redención de las masas. Es en los países subdesarrollados, en los que la poca riqueza está concentrada en minorías, mientras el pueblo ordinario se encuentra en una situación insostenible de marginación. Tal es el caso de América Latina. 
  • En el mundo anglosajón el marxismo ha fracasado. Ni siquiera el Partido Laborista inglés se declara marxista. El mismo Wilson, que fue jefe del Gobierno laborista inglés, declaraba en Madrid que él no era marxista, porque la doctrina de Marx no le servía para solucionar los problemas de Estado. El fracaso ha sido aún mayor en Norteamérica, donde no existen partidos marxistas dignos de mención. 
  • Es decir, que la gran profecía de Marx no se ha realizado o, si se prefiere, se ha realizado al revés, según marx, el comunismo necesita del capitalismo. Por tanto, su epicentro estaría situado en los países más industrializados y capitalistas. De hecho, Marx pensaba en su tiempo que la revolución comenzaría en Gran Bretaña por ser la vanguardia del capitalismo, y que este país desempeñaría el papel de locomotora, que arrastraría alas demás naciones hacia la revolución socialista. Marx y Engels vivieron pendientes de este acontecimiento y esperaban verlo con sus propios ojos. 
  • Pero la marcha de la historia ha sido muy diferente. Donde se ha producido la revolución ha sido precisamente en los países atrasados, como Rusia en 1.917, China, Cuba y otros países africanos. En las actuales naciones avanzadas no existe propensión hacia formas comunistas.

DESVIACIONISMOS
  • El movimiento marxista ha alcanzado la máxima extensión en nuestro siglo, pero no ha conseguido conciliar la extensión con la unidad y la armonía del sistema. En el orden intelectual existen múltiples corrientes reformistas, que dan versiones diferentes y hasta opuestas a las teorías de Marx y que buscan un nuevo rostro del marxismo, más aceptable para el mundo actual. Son innumerables los intelectuales marxistas que han sido expulsados de los partidos comunistas por causa de su desviacionismo y reformismo, especialmente en los países europeos, donde tal ideología estaba más arraigada. Ha desaparecido todo centro de dirección de los movimientos comunistas con la desintegración de las antiguas internacionales (Komintern Kominform). Han rebrotado rivalidades y peligrosos entre los diversos países comunistas. Especial mención merece el antagonismo entre China y la U.R.S.S. Puede darse un período de gélida convivencia entre ambas potencias. Pero cuando china alcance el potencial militar que le permita luchar por sus conquistas territoriales, aparecerá claro el riesgo de una nueva catástrofe mundial, a menos que la mente humana cambie de brújula.
  • El marxismo no marcha hacia la fraternidad humana, como supuso Marx, sino hacia la escisión, la rivalidad y el antagonismo. El ideal de la libertad, igualdad y fraternidad, como ingredientes de una comunidad humana, que convierta a toda la humanidad en una familia gozosa, que disfrute del mismo banquete de los bienes terrestres, que la naturaleza encierra en su seno, cada día aparece más irrealizable. Marx despreció los valores morales y jurídicos y exaltó los factores físicos, como la lucha de clases, la marcha de la historia, montada sobre el avance de las fuerzas productivas. No se puede recoger lo que no se siembra. Y marx y su socialismo «científico» son un volcán de odio y no una fuente de valores morales para lograr el nacimiento de la comunidad humana.

LA MUERTE DEL MITO
  • Los mitos tienen una gran garra de convocatoria para las masas, mientras subsiste la antorcha de los ideales prometidos. Pero cuando ese gran ideal se apaga a manos de los hechos y de una realidad contraria, el mito se disipa en el corazón de las masas y surge la amargura, el desconcierto y el escepticismo, a la espera de que aparezca una nueva estrella. Que señale el camino de la redención de los males que sufre la humanidad. 
  • Hoy nos encontramos en el crepúsculo del ideal marxista, salvador de la humanidad y a la espera de que aparezca otro sistema redentor. Muy especialmente en ese estado de ánimo se encuentran aquellos pueblos que ya han experimentado el sistema marxista durante décadas. Aquí el mito ha muerto y en su trono se sienta el poder militar para aplastar las rebeliones de los pueblos que buscan su liberación de tal sistema. Del odio y la lucha no ha nacido la fraternidad, como pretendió Marx. Del odio ha nacido la opresión. Y este hecho ha provocado el apagón de la antorcha del mito marxista en estos pueblos. 

ASSEN IGNATOW
«La crisis alcanza también a las formas más marginales del marxismo comunista»
  • Hoy no existe un marxismo sino varios marxismos que, en parte, se excluyen mutuamente. Sin embargo, a todos les afecta una crisis de fundamentos, de conceptos y de métodos.
  • El marxismo leninismo está en crisis por su envejecimiento, dogmatismo, y estancamiento. Es una crisis que alcanza inevitablemente a una doctrina concebida hace más de 150 años y que ha permanecido inmóvil desde la muerte de Lenin, un teórico mediocre.
  • Lenin, petrificado e impotente en su crítica anticapitalista, experimenta un descalabro total y espectacular cuando trata de la «nueva sociedad». La cruenta guerra que ha enfrentado a dos estados marxistas –China y Vietnam- y un gobierno «obrero» –el de Polonia- que torturaba y encarcelaba a los obreros mismos son algunas de las pruebas más elocuentes. 
  • La crisis alcanza también a las formas más marginales del marxismo comunista, como, por ejemplo, al trotskismo contemporáneo. En cuanto al esfuerzo «eurocomunista» de desdogmatización fue muy inconsecuente. Un paso hacia adelante respecto al comunismo clásico, es un paso hacia atrás en el pensamiento político y social libre, crítico y desideologizado; fue un fracaso.

RICARDO DE LA CIERVA
«El marxismo es ahora ante todo un lenguaje»
  • El marxismo nació esencialmente vinculado a un concepto absoluto de la ciencia como sustituto de la fe. Pero desde el siglo XIX hasta hoy, desde unos pocos años después de la cristalización del marxismo como doctrina absoluta fundada en una ciencia absoluta, se ha venido abajo ese concepto de la ciencia: La ciencia gracias a un proceso simbolizado en los nombres de Plank, Einstein y Heisenberg, se ha convertido de exacta en aproximada; de absoluta en relativa; de absolutamente precisa a estadísticamente indeterminada.
  • El marxismo fue también concebido como una revolución universal, multicéntrica, a la vez espontánea e inexorable; y centrada en el gran objetivo de la liberación del hombre. La realidad del marxismo ha sido su triunfo sucesivo en dos grandes potencias nacionales, esencialmente imperialistas, que han extendido su dominio a costa de la abolición de los derechos humanos y de la esclavitud de naciones enteras y de millones de individuos, incluidos sus propios nacionales, condicionados y robotizados en total ausencia de libertad. 
  • Por todo ello el marxismo, cuya concepción anacrónicamente absoluta e imperial lo convirtió en una religión dogmática, hoy atraviesa una crisis propia de un dogmatismo impuesto, que solo puede apoyarse en una doctrina desfasada. 
  • El refugio final de esta doctrina es el lenguaje. El marxismo es ahora ante todo un lenguaje. Si se acepta este lenguaje para el diálogo, el dialogante ingenuo acaba cayendo y moviéndose en una trampa dialéctica permanente. Es lo que les ha sucedido a tantos cristianos empeñados en aceptar ese diálogo en las condiciones fijadas por los marxistas.

KURKT MARKO
«El marxismo no atraviesa simplemente una grave crisis sino que ha llegado a su fin»
  • En una primera consideración se debería responder que el marxismo no atraviesa simplemente una grave crisis (con la posibilidad del «renacimiento») sino que muestra universalmente su hundimiento; es decir, ha llegado a su fin.
  • Sin embargo, el éxito de Marx y del marxismo leninismo, estalinismo, maoísmo, titoismo etc., nunca ha sido efecto solamente de los contenidos teóricos de Marx: Son en gran parte inexactos, especulativos, anticuados y falsos. Su impacto procede de la evocación y legitimación agitadora-propagandística de necesidades, apetencias, deseos y anhelos, no solo por parte de pobres y oprimidos, sino sobre todo de los ávidos de poder, de los que sueñan en hacer carrera y de los «idealistas». Su llamada se dirige a la codicia, a la envidia y a las emociones, que tienen como contenido lo imposible y lo irrealizable.
  • Ya que el número de los que sufren alguna necesidad y de los que pueden ser seducidos aumenta y la disposición de seguir promesas ilusorias también crece, no se les puede negar un cierto futuro a esta «neognósis», tan cambiante como constante. Un futuro que será igual de funesto al demostrado por cualquiera de los marxismos conocidos.  

FERNANDO OCARIZ
«Simple ideología que encubre la carencia de fundamento teórico de un partido totalitario«
  • Aunque hay muchas formas de crisis y también variados tipos de marxismo, pienso que sí puede hablarse, en general, de la crisis del marxismo. Como en todo fenómeno complejo, las causas son múltiples; algunas son comunes a la crisis en que se debaten amplios sectores de la cultura contemporánea, entre las que habría que señalar, como más radical, la pérdida del sentido de la trascendencia: El ateísmo en sus diversas modalidades
  • Pero, para centrarnos en las causas específicas de la crisis del marxismo, yo diría que la más honda es su incoherencia originaria: Es una causa teórica que presenta también diversos aspectos. Entre éstos el que ha manifestado mayor fuerza de disgregación es la incompatibilidad teórica y práctica entre materialismo y dialéctica, pues no es posible desarrollar hasta el fondo uno de esos dos elementos sin que el otro quede destruido; y en esa destrucción –como agudamente ha señalado Del Noce- el marxismo pierde su significado revolucionario.
  • Esta pérdida conduce inexorablemente a que, en la práctica, el marxismo quede degradado a simple ideología –o, más bien fraseología- que encubre la carencia de fundamento teórico de un partido totalitario; o reducido a un relativismo absoluto, contrario al espíritu revolucionario, como a toda tradición –entendida como transmisión de verdades meta históricas-, coincidiendo así con el más depurado materialismo burgués.

PIERRE KENDE
«Existen también en Occidente abundantes cenáculos marxistas, cada uno de los cuales reclama un Marx diferente» 
  •  A más de 125 años de la muerte de Marx, no se puede hablar del marxismo en singular. Existen en primer lugar los marxistas leninistas (de los partidos comunistas en el poder), cuyo lazo con Marx es discutible, pero que combaten todas en su nombre con la misma intolerancia revolucionaria
  • Existen también, en Occidente, abundantes cenáculos marxistas, cada uno de los cuales reclama un Marx diferente y no están de acuerdo entre ellos más que en la pretensión de ser los únicos verdaderos continuadores del marxismo.
  • ¿Se puede en estas condiciones hablar de crisis? Si, si por crisis se entiende «cacofonía», algo que «suena» mal. Y no, si se trata de colocarse en el terreno de la crítica de las teorías. Científicamente se puede decir que una teoría está en crisis cuando su adecuación a la realidad suscita dudas. ¿Pero quién se preocupa todavía de la credibilidad de los marxistas en términos científicos?
  • Las ideologías armadas con porras –e incluso los ideólogos aprendices que no hacen más que soñar con porras y fusiles- tienen generalmente pocos problemas con la adecuación a la realidad. Su «realidad» es maleable. Y mientras ejerzan la censura sobre el lenguaje pueden siempre «demostrar» que sus críticos están equivocados. Así pues, los marxismos en el poder se acomodan mejor que nunca. Solo están en crisis los que se imaginan que se puede todavía entablar, con estos últimos, un diálogo en términos marxistas.

AUGUSTO DEL NOCE
«La fiesta revolucionaria se ha consumido» 
  •  Más que de crisis del marxismo habría que hablar de verdadera y auténtica catástrofe. El núcleo principal del marxismo era religioso, aunque se tratara de una religión estrictamente materialista. Y en razón de este núcleo religioso pudo extenderse al pueblo ruso.
  • Por otra parte, este núcleo religioso estaba vivo en los filósofos que se convirtieron al marxismo en los años 20 (Lukács, Bloch, Gramsci). En este sentido, Gramsci definirá al marxismo como «la religión que debe anular al cristianismo». Hoy utilizando el lenguaje de Bloch, se puede afirmar que a la «corriente caliente» le ha sustituido la «corriente fría».
  • Quedan vivas las instituciones que ha originado el marxismo: La URSS, países satélites y los partidos comunistas. Pero la mayor de ellas la Unión Soviética no mantiene en absoluto sus promesas.
  • La fiesta revolucionaria se ha consumido ¿Dónde se encuentran entonces los filósofos marxistas?

RAFAEL GÓMEZ PÉREZ
«Una vez más en la historia, la complejidad del espíritu atrae más que el tedio de la materia»
  • El marxismo, ante todo, es la concepción del hombre y del mundo conocida como «materialismo histórico». Su principio fundamental y clave es éste: Las condiciones del modo de producción de la vida material determinan, en cada momento, la cultura, el pensamiento, el arte, la ciencia etc. de una sociedad. Este principio rígido se ha demostrado falso desde hace mucho tiempo (en la historia, no sólo en la teoría)
  • De un modo continuo, desde principios del siglo XX, se suceden teorías, movimientos, tendencias de sensibilidad que reivindican a la vez «espíritu» y «materia». Un «espíritu» muchas veces contradictorio, pero que, desde luego, aborrece la rigidez, el dogmatismo, la solución cerrada, cosas todas que están en el marxismo (aunque algunas veces no estuvieran en los escritos de Marx).
  • El marxismo -y su versión más extendida: el comunismo- entran en crisis simultáneamente por la extensión, en la cultura occidental, de una mezcla de «espiritualismo» (la reivindicación de la imaginación, de la creatividad, del «misterio») y de «decadentismo». Quizá esto es síntoma de que hemos entrado en otra fase cultural. No lo sé pero hay bastantes indicios de que en esa posible fase cultural el marxismo tiene muy poco que decir. Una vez más en la historia la complejidad del espíritu atrae más que el tedio de la materia.

J M DA CRUZ PONTES
«El marxismo sobrevive como una mística aglutinadora de un proyecto revolucionario de dominación política universalista»
  • v  Hay que distinguir ante todo entre marxismo como doctrina o sistema filosófico y marxismo como movimiento revolucionario o teoría de la acción
  • Dentro del primer aspecto habría que tener en cuenta la evolución del marxismo, es decir, lo que procedió de Engels, Lenin y Stalin y teóricos más recientes. A través de esta evolución –resultante, en parte, de las antinomias y contradicciones que Marx dejó abiertas-y de la relectura y reinterpretación de sus propios escritos- quedan para su análisis las tesis principales del marxismo, unas de naturaleza filosófica y otras de carácter económico.
  • Como doctrina filosófica, están suficientemente deshechas por la crítica las incongruencias que se derivan de sus presupuestos y de sus conclusiones. Está, no en crisis, sino más bien reducida a su limitado horizonte la concepción de que la economía es el motor determinante de la historia y único factor de la evolución social.
  • Como movimiento revolucionario, el marxismo está en crisis manifiesta ante la situación de la Unión Soviética y de las llamadas democracias populares hasta el punto de que algunos ortodoxos afirmen que allí existe un desvío o deformación del marxismo auténtico, y de que no sean solamente los intelectuales y los artistas lo que intentan exigir y alcanzar la libertad de ser hombres.
  • El marxismo sobrevive como un mito al servicio, solo aparentemente, de una utopía propuesta como ideal de aproximación posible, y como una mística aglutinadora de un proyecto revolucionario de dominación política universalista.
  • Chesterton llamaba a los errores «verdades enloquecidas»; o, tomados los errores como herejías, dice Jean Guitton que son «esfuerzos de libertad pensante para igualarse a la Verdad total, bien sea omitiendo un principio indispensable, bien sea conduciendo al extremo un aspecto de la verdad que fue separado de todos los demás aspectos», de modo que pueden ser descritas como «ideas separadas del eje central».
  • De la misma forma que antiguamente las herejías contribuyeron a la definición de la doctrina teológica, también en nuestro tiempo Freud y Marx han facilitado, por contraste, el conocimiento del hombre en un sentido imprevisto y distinto de aquel al que inmediatamente se proponían, poniendo de manifiesto la contraposición existente entre estas antropologías materialistas y las aspiraciones trascendentes que todo hombre siente en su interior.

NICHOLAS RACHEOTES
«El marxismo se ha diluido de la misma forma que muchos otros ismos»
  • Creo que el marxismo está asediado por una crisis multidimensional. Intelectualmente, ha sido deformado por el característico escolasticismo de la auto justificadora ideología soviética. Los principios marxistas se han devaluado también a causa de la general explosión científico-social. Algunos apreciados principios, como la teoría de la plusvalía, han sido superados por las modernas teorías económicas. La filosofía marxista ha sufrido también a consecuencia de que el marxismo no suministró indicaciones «post revolucionarias»
  • Políticamente, ha sufrido su asociación con regímenes totalitarios, como los gobiernos chino y soviético. Ha sido también neutralizado por el hecho de que elementos pragmáticos sugeridos en el Manifiesto Comunista se pueden encontrar en la legislación de estados declaradamente capitalistas. Y ha habido además aberraciones teóricas al aplicar las doctrinas marxistas a países en vías de desarrollo, más bien que a países ya industrializados.
  • En la órbita de la teoría social marxista han aparecido algunas dificultades obvias. La noción de la lucha de clases ha sido minada por la expansión de la burguesía en los estados capitalistas, por el elitismo social de las naciones comunistas y su extendida identificación de los intereses de clase con la prosperidad económica, y por la difusión universal de diversas formas de «mentalización sindicalista»
  • Finalmente, la vitalidad del marxismo ha decaído por su inaplicabilidad en las relaciones internacionales de las grandes potencias. En este sentido, los intereses puramente nacionales privan sobre los ideológicos y los estados marxistas se entregan a la táctica y la obsesión por la seguridad nacional a costa del movimiento internacional, mientras reina el rencor en el bloque comunista; actitudes éstas, que Marx denunció a menudo en los políticos capitalistas.
  • Al fin, en los últimos cien años, el marxismo se ha diluido de la misma forma que muchos otros «ismos», que han sido incapaces de pasar de la Teoría a la praxis. Y no ha escapado tampoco del mal uso que han hecho sus seguidores de sus conceptos fundamentales.

CHRISTOPH VON THIENEN
«La práctica maquiavélica contradice la ideología utópica, que sirve como mero disfraz para una dialéctica de poder»
  • Quiero ampliar y reducir a la vez la hipótesis sobre la crisis del marxismo. Si se considera en serio la ideología utópica y no como pretexto para una práctica maquiavélica, el marxismo se encuentra en una fase de crisis ideológica desde que  Lenin asumió el poder, tanto en su teoría económica como en su visión milenaria. 
  • En lo que se refiere a su teoría económica, es evidente que el marxismo solo supo triunfar en aquellos pueblos que, según la doctrina, no estaban maduros para el socialismo. Marx consideró que el éxito revolucionario se conseguiría solo en el capitalismo desarrollado por una burguesía triunfante. Y precisamente de esta situación se encontraban más alejados aquellos países y subcontinentes donde de hecho sus teorías vencieron: Rusia, China y Cuba.
  • Respecto a la visión del futuro, el Estado, como instrumento de poder de una clase, debería desaparecer tras la liquidación de la sociedad clasista. Para acelerar este proceso se inmolaron más de sesenta millones de enemigos del pueblo. Pero en lugar de esfumarse el Estado se estableció permanentemente en el poder una nueva clase dominadora un Estado policial. Aquí también la práctica maquiavélica contradice la ideología utópica, que sirve de mero disfraz para una dialéctica del poder. 
  • Sin embargo, en los países que aún no experimentaron el socialismo real, se sigue considerando esta misma ideología utópica como el elemento más importante del ideal marxista. Neomarxistas, eurocomunistas y «teólogos políticos» se introdujeron en las universidades e iglesias de Occidente, a partir de los años sesenta y, aunque no tuvieron mucho éxito con la clase obrera, han conseguido hacer creer que el marxismo verdadero equivale al humanismo, humanismo que se ha falsificado en los países del Este. De ahí -dicen- que se debería establecer un nuevo principio.
  • En este paradójico enfrentamiento entre ideología utópica y práctica maquiavélica se percibe con claridad la crisis espiritual del marxismo. En Occidente, sin embargo, ha sido Moscú quien se ha aprovechado de esta crisis, usando cualquier movimiento revolucionario para desestabilizar y derribar la situación política y social establecida. Tanto los socialismos reales como los utópicos han permanecido fieles a este punto del programa expuesto por Marx y Engels en el manifiesto de 1.848. 
  • Hay que decir también que el marxismo, desde el principio, creyó ciegamente en una determinada evolución del sistema industrial. La crisis industrial actual no estaba prevista, y este error de cálculo es común al marxismo y al liberalismo. Que va a suponer esto para el marxismo aún no se puede prever, pero lo decisivo para Occidente es superar los errores del liberalismo y pasar a un orden de valores transeconómico.

JAMES COLBERT
«La síntesis original de Marx reúne elementos heterogéneos que se prestan a interpretaciones unilaterales»
  • Como filosofía el marxismo vuelve a estar en crisis profunda como ha estado en otras ocasiones, especialmente durante la revisión socialdemócrata de Bernstein a principios de siglo. La síntesis original de Marx reúne elementos heterogéneos que se prestan a interpretaciones unilaterales. Así por ejemplo tenemos actualmente el marxismo estructuralista y el marxismo humanista reñidos entre si, por no hablar del marxismo leninismo soviético cuyas consecuencias prácticas lo han desprestigiado incluso en la izquierda. 
  • Diferentes autores intentan salvar el núcleo del marxismo excluyendo como doctrina auténtica la obra de Stalin y Mao o incluso de Lenin, Engels y hasta minusvalorando el Marx adulto. De ahí que la viabilidad futura del marxismo sea muy difícil.
  • Sin embargo, el marxismo según su auto descripción es también un instrumento de la lucha de clases. Marx lo propone como la manera de articular las reivindicaciones del proletariado, aunque esta reivindicación es más para el proletariado, que del proletariado. (Los partidos comunistas serian la vanguardia del proletariado). Actualmente el marxismo se instrumentaliza para legitimar a los gobiernos del Este. Y en este sentido, el marxismo todavía tiene vigencia social.

PETER EHLEN
«La obra de Marx se apoya en axiomas que no consideran e incluso niegan características esenciales del hombre»
  • Las influencias políticas y espirituales que provienen de Carlos Marx, han adoptado en los últimos cien años una imagen histórica tan variada que ya no es posible hablar hoy de un marxismo en singular.
  • En las formas políticamente activas, que existen en el marxismo, por ejemplo en el marxismo leninismo, se ha introducido también elementos de otra procedencia que deben considerarse específicamente a la hora de enjuiciar y valorar estas formas de marxismo.
  • La obra de Marx también ha ejercido su influencia en cuanto que ha motivado a filósofos, políticos, sociólogos y economistas a ponerla en controversia, transformando alguno de sus elementos, por ejemplo los de su método, e incorporándolos en un contexto nuevo.
  • Según estos presupuestos quisiera modificar la pregunta de si el marxismo sufre hoy una dura crisis: ¿Puede aportar la obra de Marx, como obra filosófica-económica-política elementos de solución validos para nuestros problemas sociales?
  • La obra de Marx en su unidad filosófica-económica-política se apoya en axiomas que no consideran e incluso niegan características esenciales del hombre: Marx no tiene en cuenta al hombre como persona individual. Por tanto, no puede ser esta obra en su unidad –como concepción del mundo- fundamento para un nuevo ordenamiento de la sociedad. Si se intenta, sin embargo, transformar la sociedad según los principios de Marx, entonces se cae en la violación de la persona humana.

DALMACIO NEGRO PAVON
«A los intelectuales les resulta aburrida y anticuada la monótona reiteración de sus clisé»
  • La crisis del marxismo se debe a su debilidad científica: Su teoría económica permanece dentro del círculo de la economía clásica, cuya teoría objetiva del valor ya era puesta en duda en su época.
  • A su carácter puramente especulativo por adolecer de una concepción mínimamente aceptable de la naturaleza humana: su psicología casi inexistente ha hecho del marxismo un producto intelectual esencialmente ambiguo, cuyo valor práctico está ligado a su aceptación como una creencia ciega.
  • A su carácter históricamente reaccionario: Extrapolar a las condiciones del siglo XX-XXI lo que en el siglo XIX circunscribía su valor científico al propio de un método de análisis social en un momento histórico concreto, y en la hipótesis de que se cumplieran en la práctica los supuestos de la teoría económica Ricardiana, constituye una prueba de la falta de sentido histórico elemental. (En este punto habría que separar cuidadosamente a Marx del marxismo).
  • Y a su decadencia como creencia debida entre otras causas a las siguientes:
    • El cansancio producido por su conversión en tópico: Las masas ya no se sienten vitalmente interesadas en la cuestión y a los intelectuales les resulta aburrida y anticuada la monótona reiteración de sus clisés.
    • A lo anterior es preciso añadir que su apropiación como teo-sociología dogmática moralizante por gran número de eclesiásticos, contribuye poderosamente a su desprestigio y desgaste, inspirando una desconfianza instintiva hacia este neo clericalismo.
    • Todo ello teniendo como telón de fondo el hecho de constituir la teología legitimadora de la política imperial rusa.
    • La generalización del sentimiento, (corroborado por los hechos) de que antes de llegar al paraíso que promete, es preciso que antes se empobrezcan y se sometan a una rígida disciplina varias generaciones.
    • Las masas deslumbradas e ilustradas por el señuelo y el espejismo de la ideología de la American Way of Life, no están ya dispuestas a sacrificios tan generosos, que consideran inútiles. Los mismos intelectuales marxistas, abundantes todavía en Occidente entre las generaciones menos jóvenes, ven hoy su religión con las anteojeras de esa ideología hedonista, propendiendo a quedarse solo con la liturgia; de modo que su fe, se diluye, en la práctica, en una especie de puritanismo moral, al mismo tiempo progresista y nihilista, que confía más en la inevitabilidad del curso histórico que en las virtudes catárticas de sus enseñanzas y en la teurgia de su doctrina.

LOUIS SHEN
«La misma Unión Soviética es indudablemente el factor más importante que contribuye al fracaso del marxismo»
  • El marxismo incluía dentro de si, desde su más temprana edad la semilla de su definitivo fracaso: Era utópico en su concepción y premisas. Inclusive como filosofía económica fracasó al abordar los problemas humanos básicos. El hombre fue tratado como un ser «económico» descuidando su faceta humana, como un fin en si mismo. En su esfuerzo por evitar el calificativo utópico, Marx no aludió a la naturaleza de la sociedad que sustituiría a la que quería destruir. El economista Abba Lerner afirmó que «los marxistas tienen que ser descritos como personas que se concentran en destruir lo que tenemos, sin considerar lo que vamos a obtener en su lugar». Parece una afirmación relativamente dura, pero incide en el fracaso del marxismo: Cumplir lo que prometió a millones de personas que lo vieron como su salvación económica y política. 
  • La Revolución de Octubre de 1.917 en Rusia no triunfó por la doctrina marxista, aunque Lenin y su pequeño pero poderoso partido así lo alegaran. Triunfó a causa de ciertas condiciones históricas: El régimen zarista autocrático y corrompido que esclavizó a la sociedad rusa durante tres siglos, la derrota en el frente oriental en 1.916, y las promesas, hechas por Lenin al pueblo, de libertad, distribución de tierras y poder para los trabajadores y campesinos. El lugar de este, el pueblo sufrió el Terror Rojo instituido por Lenin. Y, después Stalin, ahogó completamente lo que quedaba del marxismo al eliminar a millones de campesinos, intelectuales, lideres del Partido Comunista y dirigentes militares. 
  • La misma Unión Soviética es indudablemente el factor más importante que contribuye al fracaso del marxismo, tanto allí como en sus satélites. La expansión imperialista soviética es otro factor importante en la presente situación del marxismo. Y el marxismo practicado en China es también una traición a la doctrina marxista desarrollada por Marx y Engels. 
  • Bajo el estandarte del «marxismo» millones de personas están totalmente controladas por un pequeño grupo cuya única razón de ser es el poder personal. El marxismo no solo atraviesa una grave crisis, sino que está, en mi opinión, en quiebra, ya que no ha logrado ofrecer al pueblo la libertad, dignidad y los derechos humanos que le corresponden. 
  • Sin embargo, el capitalismo también está en una profunda crisis por las mismas razones: Tampoco ha tratado a hombres y mujeres como seres humanos.

ILIOS YANNAKAKIS
«El marxismo no solo ha entrado en una grave crisis sino en una fase de descomposición»
  • Aclaremos en primer lugar el término marxismo: Si se habla de la obra de Marx, plantear la  «crisis del marxismo» no tiene sentido, ya que esta obra pertenece al campo del conocimiento del siglo XIX y en ese contexto debería ser estudiada.
  • Por el contrario, si atribuimos al término marxismo lo que implica de representación mesiánica o de pretensión de explicación «global y científica» del mundo, entonces el marxismo no solo  ha entrado en una grave crisis sino en una fase de descomposición por razones profundas que tratare de resumir:
    • Si se sigue la curva de difusión del marxismo, es decir su vulgarización, se constata que coincide perfectamente con la curva de la extensión del movimiento comunista internacional, y, por consiguiente, el marxismo está orgánicamente unido a los avatares y vicisitudes a los partidos de tipo leninista y sus variantes 
    • La existencia, el desarrollo y el funcionamiento del partido de tipo leninista a lo largo de este medio siglo ha transformado el «corpus» marxista en una ideología simplista, mecanicista, que sirve de lenguaje común, de señal, y reconocimiento a los miembros del Partido que por lo mismo tienen la impresión de poseer una «explicación global del mundo», un «saber cientfico», una «brújula», que excluye cualquier otro conocimiento, cualquier otra aporía. 
    • En la fase ascendente del movimiento Comunista internacional, cuyo centro es Moscú, la «vulgata» marxista formaba parte integran mito del socialismo en «construcción» y justificaba históricamente la «victoria del socialismo» como fase inevitable de la marcha del mundo.
    • La desmitificación del paraíso socialista, sucesivamente en la URSS, en China, en Cuba, en el Este, etc., la toma de conciencia de la existencia del sistema totalitario en los países donde se instala el partido de tipo leninista, la crisis general del movimiento comunista internacional han sido y son factores de la descomposición del marxismo.
    • El hecho de que, en el curso de la historia del marxismo, todo intento de ampliar, completar, adaptar,    revisar el «corpus» marxiano ha sido considerado por los «guardianes del templo» como un sacrilegio, ha osificado y momificado este «corpus». Añadamos que si alguien se entretiene el balance teórico de los exégetas de Marx, se comprobará la pobreza de estas obras.
    • La elevación del nivel general de los conocimientos gracias a la democratización de la enseñanza y por consiguiente el extraordinario desarrollo de las ciencias humanas, en particular de las ciencias históricas, ha marginal izado el marxismo y ha mostrado sus límites, sus insuficiencias, incluso su dogmatismo intrínseco.
    • Así asistimos al desplazamiento geográfico de la difusión del marxismo. En las zonas de alto nivel de vida, por tanto de alto nivel de instrucción, el marxismo languidece como ideología simplista (la vulgata marxista), y como «explicación científica del mundo», es decir, como instrumento metodológico.
    • Por el contrario, se propaga en las zonas donde la enseñanza comienza a democratizarse captando un gran número de universitarios que encuentra en la «vulgata» marxista la vía de acceso rápido para el dominio del conocimiento pues esta  «vulgata» les suministra una explicación científica del mundo, «coherente» por su maniqueísmo y su determinismo; en definitiva, un pseudo-saber. Es el caso en particular de América Latina, o de África.
    • El marxismo, en definitiva, se descompone porque se ha convertido en el lenguaje de un Poder, un sustituto de realidad, de la realidad compleja de nuestras sociedades, una representación mesiánica y totalizante del mundo. Su suerte ha estado unida a la historia del sistema totalitario, el socialismo real y al funcionamiento de los partidos de tipo leninista.

NICOLAI TOLSTOY
«Lenin y Mussolini estaban en lo cierto al pensar que la única aplicación práctica de la política marxista era la creación de un movimiento de vanguardia que condujera al estado totalitario de partido único»
  • El marxismo, como ideología mundial, sufrió dos reveses mortales: La crítica de Kruschev al estalinismo en 1.956 y la publicación por Soljenitsin del sistema de trabajos forzados del Gulag en 1.973.Ninguno de los dos aportó información esencial que no hubiera sido accesible desde otras fuentes durante décadas, pero por distintas razones la autoridad de las fuentes era tan fuerte que incluso los más comprometidos marxistas no pudieron soslayar estos hechos.
  • Ahora solo hay una pálida sombra del movimiento marxista a lo largo del mundo que conoció el apogeo del Komitern. Como una filosofía práctica de políticos, el marxismo ha sufrido no solo los resultados del «logro» soviético, sino también un amplio convencimiento de las falacias del pensamiento político de Marx en las que se basa dicho «logro». 
  • Como Freud observó hace tiempo en La Civilización y sus Descontentos, un breve examen de cualquier guardería revela hasta que punto los conceptos de propiedad, competencia y desigualdad están arraigados en la «psique» humana. La idea del determinismo histórico ha sido expuesta como un absurdo por Karl Popper, Isaiah Berlin y otros; A. James Gregor, por otra parte, mostró efectivamente que Lenin y Mussolini estaban en lo cierto al pensar que la única aplicación práctica de la política marxista era la creación de un movimiento de vanguardia que condujera al estado totalitario de partido único.
  • La desilusión es muy probable que continúe y ciertamente el prestigio que le queda al marxismo descansa mucho menos en la atracción que conserva como filosofía (de hecho una «teodicea») que en el amenazante poder físico de la Unión Soviética, con cuyo destino está unido. 
  • En la actual situación incierta del globo, parece lamentablemente probable que diversos movimientos utópicos y milenarios continuarán atrayendo a las masas, pero entre estos, el marxismo es una fuerza prácticamente agotada. 

 Y. YAKHOT 
«Muy pocas de sus leyes sobre el desarrollo social han sido demostradas» 
  • En filosofía, una crisis encuentra su expresión en la contradicción entre la grandiosidad de sus intenciones y los resultados obtenidos. Los marxistas vieron en la herencia filosófica de Marx una ciencia de las leyes universales del existir y el pensar. Sin embargo, se hizo patente que eran incapaces de encontrar un método racional para su conocimiento. Por tanto no es sorprendente que ni Marx ni sus herederos ideológicos pudiesen formular una simple «ley dialéctica», al mismo tiempo que muy pocas de sus leyes sobre el desarrollo social hayan sido demostradas, ni matemática ni estadísticamente, ni siquiera de una forma puramente lógica. Y es importante resaltar que la filosofía marxista ha fallado en sus intentos de convertirse en metodología científica.
  • La fuerza del marxismo radica en que su filosofía se ha convertido en una Welstansgchauun, (visión del mundo) un medio de educación materialista. El materialismo, sin embargo, nació mucho antes del marxismo y supo siempre adaptarse al nivel de desarrollo científico, cambiando frecuentemente sus formas.

JHON GUEGUEN
«Con el paso de los años, esta crisis solo puede agravarse»
  • Desde su más temprano comienzo, el marxismo ha sufrido una grave crisis de identidad, porque su naturaleza le impide adaptarse al mundo real. ; por eso, vaga continuamente en busca de nuevos alojamientos provisionales desde los que pueda otra vez intentar sus utópicas premisas, a las situaciones políticas, económicas y sociales reales con las que se encuentra. Esto es evidente en la multiplicidad de los «marxismos» que continúan apareciendo en Occidente. Todos luchando por alcanzar un cierto tipo de legitimidad.
  • Con el paso de los años, esta crisis solo puede agravarse, ya que la inutilidad del esfuerzo de Marx para reestructurar una realidad radicalmente defectuosa encuentra cada vez más seria resistencia. Y esto, consiguientemente, lleva a muchas personas a descubrir la verdad de que el marxismo es una mentira.

FRANCISCO L. DE SEPULVEDA
«La verdadera crisis en estos momentos es la del marxismo-leninismo según el modelo soviético»
  • Efectivamente, el marxismo está en crisis. Si no contara con el permanente respaldo de gran una potencia mundial en lucha por la hegemonía que utiliza ese nombre como bandera para su expansión, probablemente el marxismo no seria más que una teoría, de gran trascendencia histórica, pero no una alternativa de sistema de vida ahora
  • Quien dio al marxismo esta, al parecer, permanente actualidad fue Lenin. Por ello, la verdadera crisis en estos momentos es la del marxismo-leninismo según el modelo soviético.
  • La crisis del marxismo, al menos en Occidente, empezó cuando el capitalismo histórico supo evolucionar. La vigencia del marxismo solo cabe imaginarla, ahora, en aquellos países del Tercer Mundo donde existen estructuras similares a aquellas en las que nació la teoría hace más de cien años.

RICHARD PIPES
«Su dialéctica ni siquiera aparece en los manuales soviéticos de lógica formal»
  • Como teoría pseudocientífica hace ya mucho tiempo que el marxismo fue desacreditado. Los pronósticos de Marx no se cumplieron y, de hecho, ningún economista utiliza sus teorías y conceptos. Más aún, su dialéctica ni siquiera aparece en los manuales soviéticos de lógica formal.
  • Evidentemente el marxismo es una pseudo-religión y en este aspecto no se ha desacreditado en absoluto: Basta mirar en cualquier librería universitaria de mi país (donde el socialismo y el comunismo no tienen mucha fuerza) para comprobar la influencia que tienen los escritos de Marx y sus epígonos. No hay evidencia teórica y práctica que pueda quebrar la influencia de esta religión sobre la mente humana porque da a la gente una explicación sencilla de fenómenos complicados y la certeza aparente de que el futuro será mejor.
  • Los únicos países donde el marxismo está totalmente desacreditado como teoría pseudocientífica y como pseudo-religión son los del bloque Comunista, encabezado por la Unión Soviética, Polonia y Checoslovaquia. Allí resulta difícil encontrar a alguien que se tome en serio al marxismo. 
  • ¿Significa esto que debemos experimentar en nuestra propia carne una doctrina que el análisis teórico y la experiencia de otros han demostrado como falsa?

THOMAS SHIKPA
«Las esperanzas y los ideales de Marx han sido defraudados»
  • En las sociedades comunistas, aquellas que declaran mantenerse fieles a las enseñanzas de Marx, las esperanzas y los ideales de Marx han sido defraudados. En estas sociedades hay escasa evidencia de que el yugo de la opresión sobre la clase obrera haya sido levantado; sólo ha cambiado el agente de la opresión. El Partido Comunista ejerce una tiranía de facto, monopolizando el poder político y económico y restringiendo gravemente el ejercicio de los derechos humanos. La pretensión de que este arreglo es meramente transitorio es cada vez menos creíble.
  • Marx vaticinó la caída del capitalismo. Sin embargo, el capitalismo sigue con vida y próspera. Ha traído un nivel de vida, en general mucho más alto que cualquier sociedad comunista. Además, ha posibilitado el acceso a la educación, la movilidad social y la libertad personal en una forma solo soñada por la mayor parte del mundo no capitalista.
  • Las ideas centrales de Marx son cada vez más dudosas. Así ocurre con la importancia que atribuyó a los factores económicos para modelar el pueblo y la vida institucional, con su tendencia a eliminar los incentivos que estimulen la productividad y con la innata paradoja de intentar afianzar el autogobierno cooperativo a través de una dictadura supuestamente pasajera. Así mismo, por la investigación de los sociólogos, pocos creen ya que es posible conseguir la desaparición de la alienación en sus diversas formas, el desvanecimiento del Estado o la supresión de las relaciones de superioridad y subordinación en el mundo político y laboral.

VOJTECH MASTNY
«Sus simples verdades no resisten mucho tiempo una indagación verdaderamente rigurosa»
  • Como filosofía, que ofrece una explicación mono causal del mundo, el marxismo ha estado en crisis desde sus comienzos ya que sus simples verdades no resisten mucho tiempo una indagación verdaderamente rigurosa sobre la naturaleza de la sociedad humana.
  • Como praxis política, el marxismo tuvo más éxito y ayudó a transformar profundamente realidades políticas, sociales y económicas en muchas partes del mundo, pero casi siempre para peor.
  • Habiendo sido utilizado por la última potencia imperial del mundo, la Unión Soviética, el marxismo ha sufrido al máximo la decadencia moral de ese poder.  Y retiene todavía su atractivo como mística: último estadio en la muerte de un fenómeno intelectual.

KLAUS HORNUNG
«El marxismo-leninismo está hoy totalmente desacreditado precisamente en aquellos países que tienen un gobierno marxista»
  • El marxismo que se está ejerciendo como práctica político-social en los países del «socialismo real», probando la veracidad de las teorías de Marx como él habría querido, no ha sabido superar esta prueba. El marxismo-leninismo está hoy totalmente desacreditado precisamente en aquellos países que tienen un gobierno marxista. En estos casos no es más que una idea legitimadora de la Nomenklatura gobernante que no perdió la función de fuerza propulsora político social. Esta es la causa de su estancamiento en todos los campos: política, cultura, economía, ciencia, tecnología etc.
  • En cambio sigue teniendo resonancia como «religión» alternativa y como utopía terrena entre la juventud intelectual y pseudo intelectual de ciertos países occidentales.
  • Aunque el fracaso del gobierno marxista es evidente en Alemania Oriental, muchos alemanes de la República Federal prefieren cerrar los ojos ante esta realidad.
  • Los numeroso informes de los disidentes de Alemania Oriental de la URSS, de Polonia etc. No se reciben con agrado  porque molestan a nuestra «tranquilidad de vida»: no ver nada, no oír nada, no decir nada. Si bien parte de la izquierda alemana rechaza la realidad del marxismo leninismo practicado en el «socialismo real», siguen buscando confirmaciones de su utopía socialista en regiones alejadas: ayer en Cuba, Vietnam o Albania; hoy en Nicaragua. Bastantes intelectuales se dejan adormecer por la utopía socialista pues cree que «la apisonadora que amenaza con arrollarles es en verdad una amenaza encubierta». (Soljenitsin)
  • A estos habría que aclararles repetidamente que la «verdadera democracia» del proyecto teórico de Marx solo se lleva a cabo en la realidad político social como una dictadura de partido único.

FRIEDRICH RAPP
«El monstruoso experimento humano de crear un  mundo mejor en los diversos países comunistas ha fracasado»
  •  Carlos Marx era un pensador y no un político, un teórico de la revolución más que revolucionario práctico. El impulso humanista, el análisis del desarrollo técnico e industrial y el materialismo histórico, en contraposición a la filosofía idealista de Hegel, convierten a Marx en el principal teórico del siglo XIX.
  • Sin embargo, la desventura de la teoría de Marx se beneficia de su éxito  práctico. Un éxito, por otra parte, que no se debe a la veracidad de esa teoría, sino más bien a factores políticos y sicológicos: la personalidad de Lenin dominado por el deseo de cumplir una misión; la ocupación del Este europeo por el ejército rojo; y la fascinación de las ideas comunistas que prometen progresos y ascensos en nombre de un mesianismo secularizado.
  • Lo cierto es que el monstruoso experimento humano de crear un  mundo mejor en los diversos países comunistas ha fracasado: la soñada abundancia material, el fin de la alienación y el reino de la libertad no se han producido.

ADAM ULAM
«Marx no hubiera ni soñado que el capitalismo establecería el sufragio universal, el salario mínimo o la seguridad social»
  • La crisis del marxismo se debe principalmente al hecho de que es una ideología del siglo XIX que, se ha transformado en una religión secular, tiene muy poco que ver con el mundo de finales del siglo XX. El marxismo tiene muy poco que decir sobre los problemas más urgentes de la edad moderna y gran parte de su base «científica» carece ya de validez tras los gigantescos cambios económicos y sociales del mundo de hoy.
  • Términos como «socialismo» y «capitalismo» han perdido, desde 1914 cada vez más sentido, y el socialismo de hoy día es solo una forma peculiar de colectivismo de bienestar, mientras que el capitalismo como lo entendía Marx ha desaparecido por completo hasta en estados tan «capitalistas» como Gran Bretaña, Japón o Alemania Federal. Marx no hubiera ni soñado que el capitalismo establecería el sufragio universal, el salario mínimo o la seguridad social.
  • En resumen: necesitamos un nuevo vocabulario político.

NIKOLAUS LOBKOWICZ
«Con la revolución de 1917 el marxismo se convirtió en la ideología de un grupo reducido, hecho que Marx nunca había previsto»
  • A todo el que tenga los ojos abiertos le resulta evidente que el marxismo a los cien años de la muerte de Marx atraviesa una grave crisis. En el imperio soviético el marxismo se ha convertido en un ritual vacío que solo sirve para satisfacer las ansias de poder de un pequeño grupo que se autoselecciona. Pero ni los gobernantes ni los gobernados toman ya a Marx en serio. En Occidente la admiración por el marxismo que se inició desde los años 60 y alcanzó su apogeo a principios de los años 70, ha ido extinguiéndose poco a poco.
  • Las causas de esta evolución son complejas. El éxito del marxismo se inicia con la Revolución de octubre de1917, pese a leyendas históricas que sobreestiman desmesuradamente el marxismo anterior a esta fecha. Solo con la conquista de un país, que tras la Segunda Guerra Mundial se extendió hasta convertirse en un imperio, se transformó el marxismo en una ideología de relevancia histórica. Hoy sabemos que la Revolución de octubre contradecía todos los principios de Marx: En Rusia no existía prácticamente ninguna burguesía, ni mucho menos un proletariado grande y consciente de su status social. La evolución de 1917 no fue más que un golpe de estado en un país que, tras la renuncia del Zar y después de una guerra devastadora, se caía a pedazos. Debido a este golpe de estado el marxismo obtuvo una importancia universal, pero que llevaba en si mismo el germen de su hundimiento: se convirtió en la ideología de un grupo reducido, hecho que Marx nunca había previsto.
  • En Occidente, el renacimiento del marxismo se inició con la publicación en los años 30 de los escritos juveniles de Marx. Sin embargo,  este florecimiento solo empezó a surtir efecto después de la segunda guerra mundial cuando el  « joven Marx» fue tratado bajo el prisma del existencialismo, factor que desarrolló lentamente un neo marxismo, que estaba más cerca de las intenciones originarias de Marx que de la ideología soviética.
  • Sin embargo, el mundo era ahora totalmente diferente al que Marx conoció: el «proletariado» estaba ampliamente integrado y los únicos revolucionarios eran los intelectuales que solo podían hacer la revolución    –como muy bien sabía Marx– si obtenían para sus fines el apoyo de un amplio grupo social. Pero, en una época económicamente floreciente, a pesar de las dificultades, no era posible llevar a cabo una revolución. Por eso el marxismo se convirtió en una actitud mental cada vez más fragmentada que pronto volvió a decaer.
  • Hay que preguntarse entonces que es lo que realmente ha quedado de la herencia de Marx. La respuesta debe ser: a excepción de la influencia marxista que han absorbido las ciencias sociales, quedó muy poco. Se le conjura a Marx una y otra vez, pero a su nombre y no a su doctrina, que se ha mostrado –a pesar de sus elementos sugestivos– errónea. Sus pronósticos no se han cumplido; sus doctrinas económicas estaban extremadamente sujetas a su época; el ímpetu de su doctrina de salvación ha ido apagándose a pesar de los constantes esfuerzos de renovación, ya que tenía demasiado poco que ver con la realidad.
  • ¿Fue alguna vez el marxismo el poderoso movimiento del que se ha vuelto a hablar una y otra vez? Retrospectivamente se tienen dudas. Antes de la Revolución de 1917, el marxismo era la ideología de una parte de la social democracia, que en el fondo conocía menos a Marx que Engels. Con la Revolución de octubre la ideología de Lenin tuvo éxito basada –como estaba– más en Engels y en las ideas de revolucionarios sociales rusos que en Marx. El neo marxismo occidental se vio obligado a reinterpretar a Marx radicalmente y a pesar de eso tampoco triunfó. Hay que plantearse, por tanto, si Marx fue en algún momento más que una figura de su tiempo, como Nietzsche, Alexis de Tocqueville o Jhon Stuart Mill: un clásico cuya figura desaparece con su época, aunque haya proporcionado estímulos que se hayan introducido en el pensamiento de épocas posteriores.

RAMÓN GARCÍA DE HARO
«La juventud busca y se mueve hoy por otras palabras más llenas de interés»
  • Me parece que la crisis más radical que sufre ahora el marxismo es haberse quedado con poco que ofrecer. No olvidemos que Marx  hizo de la organización del mundo material, en cuanto puramente material, el fin incondicionado de toda la actividad humana. Si el bienestar material se toma como fin de la existencia no cabe otro horizonte para el hombre que someterse a la eficacia organizativa de la técnica, de la economía, de la sociología, bajo el dictamen de un Estado omnisciente. La colmación del sueño marxista es una sociedad donde los hombres –olvidados de su alma inmortal– no aspiran más que al «benessere», confundiendo la felicidad con el placer y la satisfacción más amplia posible de las necesidades materiales
  • Pero este sueño, en realidad, lo satisface también –incluso mejor– la moderna sociedad burguesa occidental. Es la tragedia del marxismo. En la misma medida que comienza a acercarse el cumplimiento de sus promesas viene a descubrir que estas son, más o menos, las que ya daba la envejecida y decadente sociedad occidental: los jóvenes marxistas –no digo la juventud de los países marxistas–, sueñan con los blue jeans, con el confort, con la droga, con el sexo desenfrenado. La gente se ha dado cuenta de esto. El marxismo carece de carga de interés, de capacidad de despertar energías.
  • La juventud busca y se mueve hoy por otras palabras más llenas de vida: se arremolina en torno a un Papa, venido de tierras lejanas, que les habla de Dios y les exige entrega y sacrificio, pureza y deseo de servir a los demás. Y plantea una justicia social que nace del espíritu, de la primacía de la ética sobre la técnica, de la persona sobre los bienes.

JIRI PELIKAN
«Proletarios de todo el mundo: perdonadme»
  • El marxismo atraviesa hoy una grave crisis porque los seguidores de Kart Marx han deformado sus ideas y métodos creando un sistema y   extraños a su espíritu. Aunque haya sido válido el análisis que Marx hizo de la sociedad capitalista, este análisis quedó limitado a la segunda mitad del siglo XIX y no refleja, por tanto, la realidad del capitalismo moderno. El marxismo, por otra parte, ha demostrado ser incapaz de aplicar el método de Marx y su análisis a la sociedad de tipo soviético, conocida con el nombre de «socialismo real».
  • Para comprender qué piensa el pueblo soviético añado una divertida historieta que circula por Moscú. Kart Marx –cuentan– se presenta en los estudios de la televisión soviética  solicitando la posibilidad de dirigirse al pueblo soviético. El redactor jefe consulta con el Politburó, pues es éste quien decide la programación. El politburó opina que no se le puede negar la palabra a Marx, pero que solo podrá pronunciar una frase. Marx acepta y ante las cámaras de la televisión dice: «Proletarios de todo el mundo, perdonadme».

GEORGE KLINE
«Los males del totalitarismo comunista yacen en el pensamiento del propio Marx»
  • La crisis central del marxismo contemporáneo nace de una conciencia profunda de que las obras de Marx no proporcionan un punto de partida humanista que resista al estalinismo o al neo estalinismo, como lo pretendieron hacer revisionistas polacos, checoeslovacos y yugoslavos, a partir de 1950.
  • Las raíces del totalitarismo comunista yacen en el pensamiento del propio Marx, no solo en las distorsiones de Lenin, Trostky o Stalin. Ya el jovencísimo Marx formuló unas condiciones teóricas para la sociedad comunista que son incompatibles con el sostenimiento de las libertades y derechos humanos más básicos.  Además, el «humanismo» del joven Marx no es un humanismo de principios arraigado en el presente, sino un  «humanismo de ideales» orientado hacia el futuro
  • Para Marx sólo los individuos de la perfecta sociedad futura tendrán valor intrínseco; los individuos existentes en las imperfectas sociedades de nuestro tiempo solo tienen para él un valor instrumental. Marx está dispuesto a tratarlos como medios para la construcción del comunismo y, si se resisten a esta instrumentalización, no duda en eliminarlos al obstaculizar el «progreso» histórico.
  • Aplaza para el futuro todo valor positivo y devalúa e instrumentaliza de este modo el presente, cuyo «totalitarismo transitorio» irá decreciendo a medida que la sociedad alcance su perfección. Pero ni Marx ni sus seguidores han especificado el final de este «período de transición», que en la Unión soviética dura ya 65 años.

LESZEK KOLAKOWSKI
«El marxismo, que pretendía explicar toda la historia humana, ha muerto sin esperanza de resurrección»
  • La ideología soviética, por su naturaleza opresiva e imperialista, ha sobrepasado todo lo que conocemos por la experiencia de la historia moderna; ponerla al mismo lado que la social-democracia en sus conflictos con el liberalismo o el conservadurismo europeo tradicional, es admitir su derrota ideológica total. Pero creo que estas inhibiciones irán debilitándose.
  • Por otra parte, para explicar la actitud de Occidente hay que tomar en cuenta la miopía natural de las grandes empresas que no ven más que intereses a corto plazo. Pero en esta actitud Occidental la poltronería es quizás el factor dominante. El miedo es siempre más fuerte en las sociedades ricas que en las sociedades pobres. No quiero decir que Europa está perdida, sino que necesita algo que movilice el espíritu de resistencia de sus habitantes.
  • A menudo se han buscado las fuentes del marxismo en la religión cristiana, ya que las estructuras mentales del movimiento marxista –cuando existía– eran fácilmente asimilables a las estructuras mentales religiosas. Pero el comunismo fue una religión de mala fe, una caricatura de religión. Era una ideología que quería ser al mismo tiempo, científica, infalible, profética y que guardaba el espíritu del dogmatismo y el fanatismo. Esta ideología quería guardar todos los valores y todas las fuerzas de una religión negando a la vez su contenido. En cierta manera, era una fantasía milenarista sin Dios. Sin embargo hoy es ya una vieja historia, pues el marxismo ha dejado de ser una fuerza ideológica, al menos en los países industrializados.
  • El marxismo ha creado un lenguaje fácil y se ha mostrado particularmente capaz de dar los medios de expresión a casi todas las reivindicaciones nacionales y sociales que, a veces no tiene nada en común con las finalidades que el marxismo bajo su forma primitiva pretende encarnar. Pensad en como los movimientos nacionalistas asimilan algunos eslóganes marxistas para justificarse, movimientos que Marx en vida hubiera despreciado. Pero este lenguaje es cada vez menos utilizado salvo en el Tercer Mundo, donde la fraseología tomada del marxismo tiene una gran importancia. Surgen entonces mezclas extravagantes o monstruos teóricos, como los «marxismos islámicos».
  • En definitiva, las intuiciones importantes de Marx han sido asimiladas por las ciencias sociales. Para lo demás, este sistema que pretendía explicar toda la historia humana, predecir el futuro y profetizar sobre todas las cosas, ha muerto, sin esperanzas de resurrección. Hoy no puede enseñarnos nada sobre la situación del planeta.

ALEXANDER SOLJENITSIN
«El marxismo es hostil a la existencia física y a la esencia espiritual de cualquier nación»
  • El aparato partido-Estado de la Unión Soviética, formado por unos tres millones de personas, es una casta que dispone de todo y que se beneficia de tiendas especiales con mejores productos y precios, de remuneraciones complementarias, de mejores casas y servicios médicos. Tiene un gran poder sobre el pueblo sin tener que enfrentarse a responsabilidades judiciales. Paga todo esto con un servilismo inquebrantable. Se es miembro de esta casta mientras se es fiel al sistema. La casta está dominada por una oligarquía de funcionarios del partido, unos 100.000 y sus necesidades no conocen límite. (La clase dirigente de la antigua Rusia nunca vivió con tanta comodidad). Son prisioneros de un sistema ideológico que les arrastra y tienen en sus manos, sin control, las finanzas, el poderío militar y la política internacional. Es vano que Occidente espere un cambio en la cúspide del gobierno que conduzca aun deshielo.
  • Las autoridades persiguen con especial insistencia lo que consideran sus principales enemigos: la religión y la conciencia nacional. Se prohíbe la enseñanza religiosa a los niños, y todas las confesiones están estranguladas. En los países bálticos se mata a traición a curas católicos, se separa a los hijos de padres baptistas o pentecostalistas, que van a parar a ala cárcel. Los cristianos ortodoxos son castigados. Las penas más largas se imponen a los que expresan aspiraciones nacionales de los pueblos sometidos al yugo soviético y la ayuda a los familiares de presos distribuida por el fondo de ayuda social rusa, que se mantiene gracias a las colectas que se hacen en el interior del país, es severamente reprimida.
  • El comunismo, por su carácter antihumano no tiene precedente en la historia. Hasta el siglo XX, ningún país conoció semejante exacción, pero ahora existe en más de veinte Estados. En varias ocasiones habría tenido que hundirse, pero se ha mantenido a costa de sus potentes enemigos. Es una trampa de la que no se ha librado ninguna nación. Es un poder que supera cualquier entendimiento y que sólo busca no el éxito de su país, la salud y la prosperidad de su pueblo, sino sacrificios para conseguir objetivos externos. Y su meta final no es una aspiración razonable, sino un fanático deseo de devorar territorios y pueblos.  
  • Ningún país comunista se prepara para un largo y sano desarrollo económico, pero si está dispuesto a atacar, a invadir, a extenderse militarmente. La agresión exterior constituye la ley obligatoria de todos los países comunistas. La china comunista, aunque débil militarmente, ha intentado provocar una revolución en Indonesia y luego en otras partes, formando asesinos, «Kmer» rojos. Corea del norte se ha lanzado al ataque de Corea del Sur y tan solo las ramas estadounidenses han impedido que acabara con su víctima. Vietnam invadió a Camboya; Cuba se inmiscuye en las naciones iberoamericanas; Etiopía ataca a Somalia; Yemen del Sur a Yemen del Norte; Angola a Namibia. El imperialismo comunista (a diferencia del colonialista) no sirve en modo alguno a los intereses y prosperidad de la nación que empuja la invasión; bien al contrario, tal nación se convierte en su primera víctima
  • En los países comunistas la propiedad no obedece ni a la razón ni a la experiencia sino a la «ideología». El marxismo es hostil a la existencia física y a la existencia espiritual de cualquier nación. La esperanza de hallar un compromiso con el comunismo para mejorar las relaciones con él por medio de concesiones o del comercio es vana. El comunismo, negación de la vida, es una enfermedad mortal para todos los países; es la muerte de la humanidad. No se puede corregir o mejorar el comunismo. Sólo se puede acabar con él gracias a los esfuerzos conjuntos de los numerosos pueblos que ha sometido.

STROBE TALBOT
«En ningún caso la historia siguió el plan de batalla de Marx»
  • Los fundadores del comunismo y sus actuales defensores han sostenido siempre que las condiciones económicas determinan las relaciones sociales y las instituciones políticas; en consecuencia, las consideraciones económicas deberían disfrutar de especial prelación en la formulación de la política social. Sin embargo, la práctica ha hecho tabla rasa de la teoría. Sus ejecutores han todo lo posible para divorciar el arte de lo posible de la oscura ciencia de la economía. Han hecho de la política del poder un bien supremo e independiente de toda preocupación referida al bienestar de la sociedad.
  • El comunismo es, en ese sentido, un tipo de fenómeno bien distinto del capitalismo y del socialismo democrático. Capitalismo y socialismo son fundamentalmente sistemas económicos que triunfan o fracasan según sepan o no canalizar las energías de los productores y hacer frente a las necesidades de los consumidores. La inflación, la recesión, el paro o la pobreza son problemas económicos con efectos políticos colaterales.
  • En contraste, el comunismo no está vinculado a una superestructura política: se ha convertido él mismo en esa superestructura. Tal transformación explica porqué la política comunista, a pesar de sus debacles económicas, ha llegado a dominar a más de 1.500 millones de personas de Europa, Asia, África, Medio Oriente y el Caribe: más de un tercio de la población mundial establecida en más de la cuarta parte del globo.
  • Después de la Segunda Guerra Mundial, la hoz y el martillo se ha apostado en naciones tan diversas como Etiopía, Yemen del Sur, Angola, las Seychelles y Nicaragua; lo que llevó a Richard Nixon a proclamar que la tercera guerra mundial había comenzado ya y que el otro bando ya estaba ganando.
  • A pesar de los cismas, las herejías y las guerras fraticidas, el comunismo mundial sigue siendo un fenómeno soviético en un aspecto importante: todos los regimenes comunistas –incluso los que desafían a Moscú, desde la gigantesca China a la pequeña Albania– se aferran al poder utilizando variaciones de los métodos de represión y de los preceptos totalitarios que han llegado a su apoteosis en la URSS.
  • El filósofo francés Raymond Aron ha observado que en la historia de la humanidad todos los imperios, alianzas o federaciones que contaban con una robusta situación económica y se lanzaron a un vigoroso comercio exterior disfrutaron automáticamente de influencia política y de poder militar sobre sus rivales. Aron encuentra ominoso que en el cuarto final del siglo XX la correlación entre fuerza económica y poder militar parezca haberse debilitado e incluso, haberse vuelto del revés. El producto nacional del mundo Occidental es superior al del mundo comunista y, sin embargo, los líderes occidentales, incluido Reagan, parecen a menudo a la defensiva frente al poder soviético.
  • La paradoja ha sido comentada también, aunque en tono confidencial y discreto, por los propios soviéticos. Un general soviético comentó hace poco a un colega norteamericano: «Si alguien viniera desde Venus a la tierra, tendría que preguntarse porqué un grupo de países con sólo una fracción de la riqueza de Occidente consigue tan a menudo sus propósitos. Eso tiene que probar la superioridad del sistema soviético, además de la fuerza de  voluntad que nuestro sistema entraña»
  • La idea del comunismo es a la vez antigua y simple. Es en muchos sentidos igualmente sensata y admirable. La propiedad privada genera desigualdades, las cuales comportan injusticias, las cuales crean tensiones, las cuales conducen al conflicto. Por tanto la propiedad debería pertenecer a la comunidad en su conjunto.
  • Marx y Engels trataron de aplicar el ideal igualitario a fines seculares y a comunidades mucho mayores: países enteros y, en último caso, todo el mundo. Marx y Engels, alemanes exiliados que vivían en Inglaterra, se escandalizaron ante los abusos de la revolución Industrial, que estableció nuevas cimas de riqueza y nuevos abismos de pobreza. Los fabricantes y los inversores reclamaban la riqueza como un derecho propio porque ellos habían construido las fábricas y ellos pagaban los salarios de los obreros.  Marx y Engels argumentaron que a los trabajadores se les estaba quitando precisamente aquello que les daba un valor en la sociedad –los frutos de su trabajo–
  • Por ello, los proletarios debían alzarse contra sus explotadores y establecer una sociedad nueva donde no existiera la propiedad privada significativa. Todo sería propiedad de la comunidad como un todo; los bienes y servicios serían producidos «por cada uno según su capacidad» y distribuidos «a cada uno según sus necesidades»
  • Pero la versión de Marx del igualitarismo tenía una falacia. Pensó que podía imponerse a todos los hombres por su propio bien, y que éstos lo disfrutarían y prosperarían con él. En su reacción contra las iniquidades de su época y en su búsqueda de una sociedad justa, interpretó mal el individualismo, la libre empresa y la propiedad privada como las raíces del mal y creyó que haría un favor a la humanidad si racionalizaba su destrucción. Dicho sencillamente: Marx no supo leer la naturaleza humana.
  • En este sentido, el desafío de la Unión Soviética a Occidente y el reto comunista al capitalismo y al socialismo democrático son una y la misma cosa. Lenin, Stalin y sus sucesores han decidido cambiar el mundo en nombre de Marx pero por el interés nacional de la Unión Soviética. Su objetivo no ha sido hacer prosélitos en nombre de una ideología, sino para reforzar el prestigio y la influencia –la seguridad, podría decirse– de su propio país. A este propósito, su ideología ha servido de gran ayuda, pues el marxismo ofrece trampas internacionalistas en las que camuflar la orientación profundamente nacionalista, a menudo chovinista y xenófoba de los rusos, que durante años han dispuesto del liderazgo de un vasto imperio que engloba numerosas nacionalidades, culturas y lenguas.      
  • Desde la muerte de Marx en 1883, sus discípulos se han extendido por todo el mundo. Pero prácticamente en ningún caso siguió la historia el plan de batalla de Marx. Al igual que en Rusia, los acontecimientos que han llevado a tomas comunistas del poder han sido tan exteriores como interiores; han supuesto guerras entre naciones más que verdaderas revoluciones, ocupaciones por ejércitos invasores más que manifestaciones de huelguistas en las calles. O han implicado asistencia militar y política decisiva de los soviéticos (o sus delegados) a rebeldes izquierdistas, lo que por definición transforma un conflicto interno en un conflicto internacional.
  • El golpe maestro original de Lenin no fue tanto establecer un modelo de Estado, como aportar la receta para tomar el poder. Para citar un dicho que a él degustaba mucho recordar, el éxito de Lenin estribó en la forma de cascar los huevos y no en la forma de hacer la tortilla. Durante la Primera Guerra Mundial se aprovechó del desorden internacional, llenó un vacío de poder y lo mantuvo por la fuerza de las armas. Es lo mismo que el comunismo soviético ha estado haciendo en el exterior desde entonces.   
  • Leopold Labetz, editor de la publicación londinense sobre asuntos comunistas Survey indica: «Desde el Politburó para abajo, todos saben que no han logrado un nivel de vida comparable al de Europa occidental ni alcanzado a Estados Unidos en producción industrial, pero al mismo tiempo están seguros de que han alcanzado al occidental en producción de armamentos y en defensa». v  Para los pueblos del Este europeo, por supuesto, esto no es un consuelo. Considerando el conjunto de la situación, ellos preferirían tener la prosperidad y la mantequilla. Si se interrogan a sí mismo con la pregunta que Ronald Reagan formuló a los norteamericanos durante la campaña electoral –«¿Están ustedes mejor?»–, los ciudadanos del Este europeo miran hacia Occidente para comparar, o bien hacia el pasado, que muchos pueden todavía evocar, cuando sus países eran libres. El poderío militar soviético frustra más que satisface sus instintos patrióticos. Después de todo ese poderío se encuentra ubicado en guarniciones en  las afueras de sus ciudades y está listo para suprimir cualquier descontento apenas se manifieste.




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